En busca de los papeles de Kundt

junio 01, 2017

  

Extracto

El 11 de diciembre de 1941, cuatro días después del ataque japonés a Pearl Harbor, el III Reich le declaró la guerra a Estados Unidos. Con ello terminó la etapa de aislamiento que había asumido este país desde el final de la Gran Guerra. Así, los estadounidenses despertaban a la dura realidad del resto del globo y se preguntaban quién era el enemigo, cómo pensaba, cómo actuaba, cómo percibía y qué leía. Con el fin de llenar esos y otros interrogantes, el autor estadounidense Frederick Oechsner publicó a principios de 1942 el libro Este es el enemigo, en el que describía los hábitos de la lectura del dictador alemán:

La biblioteca de Adolf Hitler estaba dividida entre su residencia en la Cancillería de Berlín y su casa de montaña, el Berghof, en Berchtesgaden. Contenía unos 16.300 libros, divididos en tres grandes grupos. Primero, la sección militar, que consistía en unos 7.000 volúmenes e incluía las campañas de Napoleón y de los reyes de Prusia; las vidas de todos los potentados alemanes y prusianos que alguna vez asumieron un rol militar, y libros de virtualmente todas las campañas militares conocidas que fueron registradas en la historia. Ahí estaba por ejemplo, la obra de Theodore Roosevelt sobre la guerra Hispano-Americana de 1898 […] Los libros militares estaban divididos por países. Hitler hacía traducir aquellos que no estaban en alemán. Muchos de ellos, especialmente los que tratan sobre las campañas de Napoleón, muestran profusas anotaciones manuscritas al margen. Hay un libro sobre la disputa del Gran Chaco por el general alemán Kundt, quien una vez (como el capitán Ernst Röhm) fue instructor de tropas en Bolivia. * Hay obras completísimas sobre uniformes, armas, aprovisionamiento y movilización, así como sobre la acumulación militar en tiempos de paz, moral y balística. De hecho, no había un solo aspecto de conocimiento militar, antiguo o moderno, que no fuera tratado en estos 7.000 volúmenes, y muy obviamente, Hitler había leído muchos de ellos de tapa a tapa.[i]

¿De qué libro de Hans Kundt acerca de la Guerra del Chaco podía tratarse? ¿De una edición alemana? ¿Se trataba de una traducción? Que se sepa, Kundt nunca escribió un libro sobre el Chaco que no fuera su informe al gobierno boliviano, que fue entregado en forma de documento en 1934, y que tomó la forma de libro gracias a la edición del general Raúl Tovar Villa recién en 1961, dieciséis años después de la muerte de Hitler. Los documentos de Kundt han seguido un camino tortuoso y desordenado. Cuando hablamos de los documentos, nos referimos al Diario de Campaña, al Archivo de Guerra del Comando Superior, ambos escritos durante la Guerra del Chaco, y a su diario personal.

Según relató el propio Kundt, los dos primeros documentos le fueron incautados por el ministro de Guerra, José Antonio Quiroga en diciembre de 1933, luego de que éste destituyó al general del cargo de Comandante en jefe del Ejército en Campaña y antes de enviarlo al confinamiento en Cochabamba. Cuando Kundt entregó ambos documentos, recalcó que se trataba de “un verdadero documento histórico de un valor inapreciable, llevado con un cuidado excepcional, bien ordenado, completo, y al día”.[ii] Quiroga ordenó el envío de ambos documentos a La Paz, tras lo cual el general alemán perdió su rastro. “No sé qué se ha hecho desde entonces con estos documentos, que no pertenecen ni al Gobierno ni al Comando, sino a la nación entera,” escribió en 1934.[iii]

Cuando, semanas más tarde, el gobierno de Salamanca le exigió un informe completo sobre su año de actuación como Comandante en Jefe del Ejército en Campaña, Kundt solicitó que se le enviase los documentos incautados, porque era imposible para cualquiera escribir un informe tal basado sólo en lo que uno pudiera recordar. El presidente Salamanca le dijo que se estaba terminando de hacer copias de dichos documentos, y a la postre sólo le envió el Diario de Campaña del Comando, pero no el Archivo de Guerra. Por ende, el informe de Kundt se basó sólo en aquél.

Muy pronto fue evidente que había gentes interesadas en hacer desaparecer una y otra página de los documentos de Kundt. El general, en su respuesta a las críticas ex – post de David Toro, le escribió tan temprano como 1935 desde su exilio cochabambino que “si mis informaciones son fidedignas, el Archivo de mi Comando ha sido violado en La Paz por muchas personas amigos de usted”.[iv] [sic]

Pero, ¿por qué habría de ser tan importante deshacerse de esos documentos? ¿No bastaba con destruir la credibilidad del viejo general, sólo, desprestigiado, caído en desgracia? Su “peligro” consistía en que el Diario y el Archivo no habían sido escritos ni compilados exclusivamente, ni mucho menos, por el propio general. Es más. Kundt no había tenido ninguna influencia en ellos. Según explicó, el Archivo de Guerra estaba a cargo de dos secretarios. Contenía la sucesión estrictamente cronológica de todas las acciones de guerra, por pequeñas fueran; todos los partes recibidos y emitidos en y por  el Comando Superior, así como todas las órdenes, instrucciones y directivas emanadas de él. Se había empleado el método de fijar inmediatamente por escrito cada orden transmitida y cada parte recibido por teléfono. Todo el material estaba ordenado en forma cronológica según el día, en sus archivadores respectivos.[v]

Por otra parte, el Diario de Guerra no era un diario personal, sino el archivo donde se encontraban incluso los pensamientos originales de muchas operaciones,  el “pensamiento creador del Comando”. Contenía hasta las exclamaciones que fueron emitidas en su momento y que fueron anotadas, pero que no estaban, desde luego, destinadas a ser hechas públicas  “y muchas veces no pueden ser sostenidas con un criterio sereno”. El Diario de Campaña contenía los datos sobre la actuación personal del general Hans Kundt. Fue llevado durante todo el año que duró su mando, por el capitán Max España, que tuvo el cargo de Redactor del Diario de Campaña, quien tenía absoluta libertad en su redacción. Kundt recalcó que todos los jefes, oficiales y empleados que lo acompañaron en sus frecuentes viajes al frente, tenían la obligación de anotar todo lo que tenía relación con las operaciones, y estas anotaciones debían ser entregadas inmediatamente al Redactor. Kundt no tenían entonces, por lo tanto, influencia en la redacción ni compilación de documentos, y recalcó que conoció el contenido del Diario estando ya exiliado en Cochabamba, recién meses después de su destitución. El general se congratulaba pensando que podría rebatir las acusaciones de Toro, pensando que “felizmente están vivos y sanos todavía los componentes de la Sección Operaciones, que pueden atestiguar en qué forma ha sido llevado el Diario”.[vi] Las inevitables contradicciones que se podían encontrar en este documento, decía el ex comandante, subrayaban su valor histórico, pues allí estaban anotadas “las vacilaciones, que nunca faltan en un Comando”.

Pero las esperanzas del general en los documentos, o las personas que pudieron haberlo rehabilitado —si ello era posible— cayeron en saco roto. En mayo de 1936, casi cinco meses después de que el gobierno de Tejada Sorzano le permitió a Kundt salir de Bolivia, Germán Busch encabezó un golpe de Estado, apremiado para silenciar las voces que exigían cuentas a los militares por su conducta en la guerra. Los oficiales del Chaco proclamaron a David Toro presidente de Bolivia.

A Kundt se le habían exigido cuentas, cómo no, pero desde su partida los militares que asumieron el Comando —Peñaranda, Toro, Rodríguez, Moscoso, el mismo Busch, entre otros— incurrieron en tan graves inconductas y errores militares, que le costaron a Bolivia el Chaco. Incluso mientras la guerra rugía se empezaron a oír voces que insistían sobre las graves responsabilidades de aquellos militares que sobrepusieron sus ambiciones personales sonre la defensa del territorio nacional. Para ese efecto, el Diario de Campaña y el Archivo del Comando Superior eran los documentos esenciales que hubieran servido para establecer las responsabilidades de Kundt, desde luego, pero también de quienes habían sido sus subalternos y sucesores.

Cuando José Antonio Quiroga entregó tales documentos a Salamanca, el presidente ordenó que se tomasen de él un número limitadísimo de copias —al parecer no más de tres. Una de ellas —del Diario, que no del archivo— le fue entregada a Kundt para la elaboración de su informe. Otra copia fue remitiera al Comando Superior, en el Chaco, y la tercera quedó en el ministerio de Guerra. Salamanca dispuso además que los originales fueran depositados en custodia en el Banco Mercantil de La Paz,[vii] con la disposición de que fueran dados a conocer públicamente 50 años después de que terminara la Guerra del Chaco: esto es, en 1985. Por su parte, Quiroga sostuvo que cuando Toro —ya general— se hizo con la Presidencia de la República, en una de sus primera medidas “conminó al Banco Mercantil a devolver el Diario y el Archivo al gobierno. Se ignora el destino que le dio al documento luego de haberlo recogido”.[viii] Se presume, entonces, que las copias existentes y los originales mismos, fueron destruidos, puesto que Toro, ya sea como comandante o como presidente, tuvo acceso y/u obtuvo la copia en poder del Comando Superior, a la copia en poder del ministerio de Guerra, y a los originales en el Banco Mercantil. La única copia que supuestamente sobrevivía es la que se entregó a Kundt, del Diario, y no del Archivo. ¿Qué sucedió con ella?. En su respuesta de 1935 a Toro, Kundt menciona, como quien no quiere la coas, una tercera fuente: un diario personal. Dice, sobre el Diario de Campaña, “no es un diario personal mío, éste está en mi poder y nadie lo conoce”. Renata Kundt llegó a visitar a su padre desde Alemania y permaneció con él en junio y julio de  1934.[ix] El general terminó de redactar su informe al gobierno el 10 de junio de 1934. Cuando Renata regresó a Alemania, se llevó con ella el diario personal de su padre y el Diario de Campaña del Comando. Pasaría un largo hiato antes de que esos documentos concitaran la atención de alguien más.

En 1962, los historiadores Charles Arnade* y David Zook, tomaron interés en la figura de Kundt. El 30 de marzo dieron con una tal Marta Kundt, residente en el sector estadounidense de Berlín occidental, a quien le escribieron desde Estados Unidos preguntándole —a la suerte— si ella era pariente del general Hans Kundt, y/o si podía ayudarlos a encontrar algún pariente suyo. La Sra. Kundt se apresuró en contestarles el 5 de abril: “el general Hans Kundt era el hermano de mi fallecido esposo. Mis conocimientos sobre sus actividades en Bolivia son mínimos [pero] vive la hija de mi cuñado. Ella pasó largo tiempo con sus padres en Bolivia y vive en Berlín”. Les dio así la dirección de Renate Kundt.[x] Arnade le escribió a la hija del general en septiembre de 1962. Le explicó su largo interés en la historia de Bolivia, y, citando una cita de la carta del general a David Toro, agregó: “allí él señaló la existencia de un diario personal durante la guerra y otras anotaciones. Estos papeles de su fallecido señor padre son los únicos documentos reales que pueden servir para la justificación de sus extraordinarios servicios para Bolivia. Tanto el profesor Zook como yo mismo estamos completamente concientes de nuestra responsabilidad profesional. Por este motivo estuvimos en busca de su dirección desde hace varios años con la esperanza de que tal vez estos papeles se encuentren en su poder”. Si este fuera el caso, decía Arnade, ambos, “yo como profesor de historia y el Dr. Zook como analista militar y crítico, nos sentiríamos muy honrados […] si Ud. nos pudiera confiar esos valiosos documentos”.[xi]

Un día después de escribirle a Renate Kundt, Arnade le envió una carta al director de la revista militar anual alemana Deutscher Soltatenkalender, con el pedido de que la redirigiera al general Adolf Röpnack, quien había publicado en su último número el artículo “De las memorias de un soldado alemán en el Ejército boliviano”. Arnade le pedía a Röpnack la posibilidad de acceder a los documentos que le habían permitido escribir este artículo sobre su tiempo en Bolivia. La carta eventualmente le llegó a Röpnack y éste respondió el 4 de noviembre. La letra de Röpnack es apiñada y difícil de leer, y explicaba que tenía el manuscrito ¡Viva Bolivia!, delineaba a grandes rasgos su contenido —y decía que estaba dispuesto a venderlo.

Entretanto, Renate Kundt se tomó varias semanas en contestar. En su carta de respuesta del 22 de noviembre, le dice a Arnade que recibió con agradecimiento para con ambos —Arnade y Zook— por su interés en la historia de Bolivia y en el trabajo de su padre. “Desde luego que para mí es de gran valor que la figura de mi padre, quien trabajó con gran dedicación y amor por Bolivia, encuentre reconocimiento”, añadió. La carta relata, sin entrar en detalles de fechas o personas —pero sólo puede tratarse del gobierno del teniente coronel Gualberto Villarroel— que tras la derrota de Alemania en 1945 ella recibió la invitación del gobierno boliviano para viajar a Bolivia y, si ella lo deseaba, establecerse permanentemente en el país, dada la desastrosa situación de su patria. Pero que justo en esos días había encontrado trabajo en Berlín en su antigua ocupación de asistente social. De modo que recién pudo regresar a Bolivia en 1955, cuando visitó a su hijastra, quien entretanto se había casado en Bolivia.* Durante esta visita, “fui saludada en los diarios, se recordó de manera amable a mis padres, y varias delegaciones de oficiales del Estado Mayor y del Ministerio de Guerra vinieron a saludarme”. Luego, Renate dice lo que Arnade y Zook ya sabían: que el año anterior se había publicado el informe del general Hans Kundt al gobierno de Salamanca en el libro engañosamente titulado y firmado —aunque a todas luces con la mejor de las intenciones— por el general Raúl Tovar Villa.

Finalmente, la frase clave de la carta dice: “Si estas publicaciones no le bastaran, yo debería obtener del gobierno boliviano la autorización para hacer copias de los Diarios, porque iría contra la forma de ser de mi padre publicar algo sin el visto bueno del gobierno, incluso si tal publicación sirviera para el propósito de la rehabilitación de la reputación de mi padre, la cual, como consecuencia de procesos políticos internos, se intentó empañar”.[xii]

La siguiente carta de Arnade data de enero de 1963. En ella, el historiador le anuncia a la hija del general que, de acuerdo a su pedido, le escribirá al Dr. Jacobo Libermann, secretario del Presidente Víctor Paz Estensoro y encargado de asuntos culturales. “Ud. recibirá una copia de mi nota al Dr. Libermann y al presidente Paz Estensoro. A ambos los conozco personalmente —y naturalmente que un asunto como este demandará algún tiempo, pero yo la mantendré informada”. Para terminar, Arnade le asegura a la Sra. Kundt que su intención es “elaborar un trabajo académico y científico, sin ningún tipo de apreciaciones políticas o personales”.[xiii]

El mismo día, Arnade le contestó a Röpnack y le explicó que estaban interesados en la posible compra de su manuscrito, que el proyecto suyo y de Zook era personal, y que por tanto no contaban con un auspiciador, lo cual significaba que no tenían grandes medios, ni mucho menos, para la adquisición de su manuscrito. Y que, por favor, tomara en cuenta esta circunstancia al establecer un precio (“amigabilísimo”) por su obra.[xiv]

Mientras esperaban respuesta, Arnade y Zook escribieron cartas a varias instituciones y bibliotecas —entre ellas a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, explorando la posibilidad de que alguien se interesara en invertir un monto en el manuscrito de Röpnack —todo sin fortuna.

El 22 de enero del 63 llegó una voluminosa carta de Röpnack, quien con su tortuosa letra explicaba en detalle el contenido y pedía 2.000.- dólares.

Entretanto, Paz Estensoro había respondido. Arnade se lo comunicó así a la hija del general: “Me complace mucho comunicarle que he recibido una respuesta de la Presidencia de la República y del funcionario de cultura, quienes se mostraron muy entusiasmados con el proyecto mía y del Dr. Zook”, y le adjuntaba una copia de la carta presidencial, bastante breve por cierto: “El Dr. Paz Estensoro manifiesta su completa aquiescencia con el proyecto de editar en español las memorias del general Kundt, hombre que ha desempeñado un importante papel en le guerra del Chaco”. Firmaba Jacobo Libermann, Director Nacional de Informaciones de la Presidencia de la República.

Recalcaba Arnade que él y Zook querían hacer todo de estricto acuerdo con los deseos de Renate, y que querían “resucitar el pasado exactamente como había sido […] ambos creemos que su distinguido padre contribuyó mucho al desarrollo y progreso de Bolivia, y que su nombre debería ser reivindicado. Creo que su excelencia, el Presidente de la República, siente de la misma forma, como puede Ud. deducir de su carta”.[xv]

El 20 de marzo Arnade le respondió a Röpnack: como ciudadanos privados, no podían darse el lujo de pagar mil dólares cada uno—una suma considerable para la época. Por lo cual le proponían mas bien “tomar prestado” su manuscrito por  200 dólares, por tres meses. El general asintió y envió su paquete el 5 de abril. Röpnack le hizo en la ocasión una pregunta personal al historiador: “En la lista de oficiales prusianos de 1913 encontré a un teniente Arnade en el batallón Pioneros Nº4 de Magdeburgo, con el patente de teniente correspondiente a agosto de 1910. Este señor es seguramente miembro de su familia”. A vuelta de correo, Charles Arnade, cuyo nombre es Kart Wolfgang Arnade, le respondió: “acerca de su pregunta de haber conocido a un teniente Arnade en 1913, se trata de mi padre. Vive en Long Island, Nueva York. Participó en la Primera Guerra Mundial, estuvo luego con la misión militar en China, y luego con otra misión militar en Bolivia. Es allí donde desarrollé mi interés en Bolivia”.[xvi]

Por parte de Renate Kundt entretanto no se recibió mas que silencio durante largos meses. El 24 de abril Arnade le escribió una carta, preocupado por el silencio, en la que además le informaba que estaba listo para ir a Berlín cuánto material se les permitiría copiar “según algunos de los modernos métodos de reproducción”. El historiador le informaba también que se había puesto en contacto con Röpnack, que éste le había enviado su manuscrito, y le daba la dirección del general, en el sur de Alemania. Y, de manera correspondiente, el 13 de mayo le escribió a Röpnack, contándole que se había puesto en contacto con la hija del general Kundt, que habían intercambiado correspondencia, pero que tenía dificultades en obtener una respuesta entusiasta de su parte. “Ella tiene algunos documentos de su padre, que nos gustaría copiar. ¿Conoce Ud. a la señora, o tiene Ud. alguna influencia sobre ella? ¿Cree Ud. que ella tenga documentos importantes que puedan ser interesantes para un estudio del general Kundt?”[xvii]

El silencio de la hija de Kundt era ensordecedor. Zook y Arnade intercambiaron varias cartas perplejas. En octubre, Arnade propuso ofrecerle dinero a cambio de los documentos. En eso se produjo un cambio en la señora Kundt. En diciembre, Zook le escribió a Arnade, informándole que Röpnack en una carta, decía que Renate Kundt no tenía documento alguno sobre su padre, que todos se habían quemado en los bombardeos de Berlín. Arnade respondió que la única posibilidad era ponerse en contacto personalmente con Renate Kundt en Berlín.[xviii]

El último día de 1963 Zook le envió una carta a su colega historiador, contándole que un colega de la Fuerza Aérea estadounidense se había puesto en contacto con la señora Kundt. Ella afirmó que el libro de Tovar Villa contenía “todo el material en su posesión”. Que en agosto ella había vacacionado en Bad Aibling, el pueblo donde vivía Röpnack. Estoy seguro de que ella esutvo con él”, dice Zook,

porque más tarde en agosto Röpnack me escribió que los papeles de Kundt se habían quemado en la guerra (yo no le creo, sino que nos están dando largas. Me temo que Röpnack le dijo a la Sra. Kundt que nos había cobrado 200 dólares, y que si ella tiene algo, está esperando algo a cambio). La Sra. Kundt le insistió a nuestro hombre que quiere recibir una traducción en alemán de la carta de paz Estensoro autorizándonos el uso de los papeles de Kundt. Ello claramente implica que Röpnack mintió cuando dijo que ella no tenía documentos, e implica que ella tiene más material que el publicado por Tovar Villa*.[xix]

El proyecto había llegado, pues, a un punto muerto. Desesperado, el 5 de febrero de 1964 Charles Arnade le escribió a su padre, Karl Conrad Arnade, coronel retirado del Ejército alemán, pidiéndole que él, como compatriota y colega del general Kundt le escribiera a la hija del general en un tono que le inspirase confianza para continuar con el proyecto. Zook le volvió a escribir a su amigo a fines de enero. “Yo siento que ella tiene los papeles, y que no está jugando limpio con nosotros. Quizás le puedas mencionar a tu padre que Kundt tiene una reputación negra ante la historia, y que va a permanecer así, a no ser que sus papeles arrojen nueva luz sobre su relación con salamanca y con los jefes bolivianos. Paz Estensoro está dispuesto, así que, ¿por qué la hija de Kundt se interpone en el camino de mejorar el lugar de su padre en la historia???”[xx]

El viejo coronel cumplió con su hijo y el 16 de marzo le escribió una carta a la señora Kundt con todo lo que se espera de un oficial y caballero. “Mi hijo es un historiador muy científico, criado en gran parte según el antiguo espíritu de la oficialidad alemana, como para buscar beneficio económico en su trabajo. Su único objetivo es el establecimiento de la verdad histórica”, le dijo el viejo coronel. Sus argumentos dieron en la fibra sensible de Renate Kundt. Ésta le respondió al anciano caballero el 14 de abril.

“Creo que hay un malentendido”, respondió la señora Kundt. “Yo celebré el emprendimiento de su señor hijo y el del Dr. Zook, que tratan sobre la descripción histórica de los procesos de la Guerra del Chaco. También les indiqué a los caballeros que no tengo un informe [sic] de mi padre, sino varios tomos de diarios (probablemente copias de los diarios originales del Estado mayor) en mi poder, para cuya evaluación pedí la autorización del gobierno boliviano”. Luego explicó la existencia del libro de Tovar Villa y dijo que había dirigido la atención de Arnade hijo y Zook hacia esta publicación documental. “Se supone que con esta publicación concentrada los señores estarán mejor servidos que con los gruesos tomos del diario de guerra, que cubren el mismo período. Quiero subrayar que a mi tampoco me motiva ningún interés económico”.[xxi]

La respuesta de Frau Kundt fue redirigida a los dos historiadores. La hija del general había puesto punto final a la discusión. Arnade y Zook aun intercambiaron otras siete cartas entre mayo de 1964 y agosto de 1965, preguntándose qué hacer. En dos de ellas Zook especulaba acerca de los motivos de la reticencia de la hija del general por rehabilitar su buen nombre.

Hemos cumplido con sus condiciones de obtener el permiso de Bolivia. Ella admite que tiene los diarios, pero insiste en que no serían de nuestro interés. Puede ser que contengan asuntos personales (p. ej. las relaciones de Kundt con su amante*, o alguna cosa semejante) que puedan ser personalmente embarazosas para la señora Kundt. No sé.[xxii]

Una frase de la última carta al respecto dice “respecto del asunto Kundt, realmente no tengo nuevas ideas, pero le estoy escribiendo a otro amigo en Alemania, para ver si quizás pudiera ir a Berlín Occidental, o encontrar a alguien que vaya, y moleste otra vez a Frau Kundt […] No me he rendido ni he olvidado este proyecto y estoy dispuesto a cualquier nuevo intento que sientas que pueda beneficiarnos”.[xxiii]

Luego el silencio. No se hizo más. No hubo más contactos con Renate Kundt. Quizás uno de los dos, o los dos, debió haber ido a Berlín a persuadir a la hija del general personalmente. Zook despareció en acción poco después en misión sobre Vietnam, y Arnade archivó el asunto hasta que este autor lo revivió en 2005.

Cuando, en 1984, se descubrió que faltaba de la bóveda del Banco Central el Diario del Che Guevara, se convirtió en un asunto de Estado. El manuscrito del guerrillero responsable de la muerte de decenas de soldados bolivianos causó un revuelo cuyos aspavientos deja ondas en el aire aun hoy. Pero la desaparición del Diario de Guerra del Comando Superior durante buena parte de la Guerra del Chaco, que podría arrojar luz sobre la peor guerra internacional que asoló suelo americano en el Siglo XX, que produjo decenas de miles de muertos, que, simplemente, es un documento clave de la historia boliviana, no llega ni siquiera a las páginas interiores de los diarios.

Pero el hecho es que hasta la década de 1960 existía en Alemania una copia del Diario de Campaña del Comando Superior del Ejército boliviano en el Chaco. ¿Qué hizo Renate Kundt con él antes de morir? ¿Dónde está? ¿Existe aun? ¿O está en algún archivo estadounidense con los libros y documentos de Hitler?

 

 

 

 

* El énfasis es mío

* El Dr. Charles Arnade es autor del clásico La dramática insurgencia de Bolivia. El Dr. David Zook, es autor, entre otros, de La conducción en la Guerra del Chaco. Zook era además oficial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

* Renate Kundt contrajo Matrimonio a mediados de 1933 con Wilhelm Müller, un viudo con dos hijas. Müller fue ejecutado por los nazis dos años después. Una de las hijas falleció de enfermedad al poco tiempo. La hija sobreviviente, Brunhilde, marchó a Bolivia como profesora del Colegio Alemán Mariscal Braun de La Paz. Allí se casó en 1952 con el industrial germano-boliviano Georg Stege. La señora Stege murió en Cochabamba en 2009.

* El libro de Tovar Villa no es otra cosa que el informe de Kundt a Salamanca sobre su actuación en el Chaco, con un prólogo de Tovar Villa. Zook había escrito una reseña del libro de Kundt/Tovar Villa y había hecho un llamado a reevaluar el rol de Kundt en la historia boliviana

* Dos versiones diferentes sostienen que Kundt tuvo una amante en algún período: la esposa alemana de un coronel boliviano. Ambas versiones coinciden en que la mujer vivía en Cochabamba. Ambas versiones difieren en cuanto al nombre del coronel, quien era enviado en largas misiones a puestos lejanos por Kundt.

[i] Oechsner, Frederick, This is the Enemy, 1942, pp. 94-95. Shofar FTP Archive File: people/h/hitler.adolf/oss-papers/text/oss-sb-oechsner-04. La traducción y el énfasis con cursivas son del autor.

[ii] Tovar Villa. Op. Cit. P. 67, 74

[iii] Tovar Villa. Op. Cit. P. 74

[iv] Carta de Hans Kundt a David Toro, 31 de agosto de 1935. En Tovar Villa, Op. Cit. P. 184

[v] Tovar Villa. Op. Cit. P. 73

[vi] Ibíd. P. 184

[vii] Rodríguez, Marcial. “El diario de campaña de la Guerra del Chaco”. El Diario, La Paz, 8 de diciembre de 1970

[viii] Ibíd.

[ix] Sánchez Guzmán. Hans KundtOp. Cit. P. 220

[x] Carta de Marta Kundt a Charles Arnade, 5 de abril de 1962. Original enviado al autor por Arnade.

[xi] Carta de Charles Arnade a Renate Kundt, 18 de septiembre de 1962. Copia del original enviada al autor por Arnade.

[xii] Carta de Renate Kundt a Charles Arnade, 22 de noviembre de 1962. Original en poder del autor.

[xiii] Carta de Charles Arnade a Renate Kundt, 12 de enero de 1963. Copia en poder del autor.

[xiv] Carta de Charles Arnade a Adolf Röpnack, 12 de enero de 1963. Copia en poder del autor.

[xv] Carta de Charles Arnade a Renate Kundt, 28 de febrero de 1963.

[xvi] Intercambio de cartas entre Röpnack y Arnade, 29 de marzo y 9 de abril

[xvii] Carta de Charles Arnade a Adolf Röpnack, 13 de mayo de 1963. Copia en poder del autor

[xviii] Intercambio de cartas entre David Zook y Charles Arnade, entre octubre y diciembre de 1963. Copias y originales en poder del autor

[xix] Carta de David Zook a Charles Arnade, 31 de diciembre de 1963. Original en poder del autor.

[xx] Carta de David Zook a Charles Arnade, 22 de enero de 1963. Original en poder del autor.

[xxi] Carta de Renate Kundt a Kart Honrad Arnade, 14 de abril de 1964

[xxii] Carta de David Zook a Charles Arnade, 21 de mayo de 1964

[xxiii] Carta de David Zook a Charles Arnade, sin fecha, recibida el 25 de agosto de 1965

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