Robert Brockmann

Soy Robert Brockmann. Nací y pasé mi primera infancia en Cochabamba. Soy periodista, estudié filosofía y ciencias políticas y soy autor de El general y sus presidentes - Hans Kundt. Ernst Röhm y siete presidentes de Bolivia, 1911-1939 (2007) y Tan lejos del mar - Bolivia entre Paraguay, Chile y Perú en la década extraviada 1919-1929 (2012). Ambos libros ganaron los premios Franz Tamayo y Bautista Saavedra respectiva e irónicamente, pues ambos personajes resultan bastante maltratados en mis libros. No es culpa mía. Así eran ellos.

También escribí Soldado, rebelde y marica - Ernst Röhm en Bolivia, 1929-1931, que es un libro aparte, pero que va incluido en la edición impresa de El general y sus presidentes. Ahora, el libro sobre Röhm se puede conseguir por separado en versión electrónica.

Por qué escribo historias

Siempre pensé que, siendo periodista, tarde o temprano terminaría escribiendo libros. Y que, como el señor García Márquez (sólo a sus amigos íntimos debiera permitírseles llamarlo Gabo), escribiría novelas. De hecho, hasta 1994 leí mucha narrativa.

Pero en ese año llegó mi parteaguas. Cubría la primera Cumbre de las Américas en Miami (la que dio nacimiento al ALCA), cuando me topé con el libro Dreadnought del periodista Robert K. Massie, ganador de un Pulitzer. La reseña lo describe como "una emocionante crónica de las rivalidades personales y nacionales que llevaron a la primera gran carrera armamentista del siglo XX" y a la Primera Guerra Mundial.

La manera de Massie de escribir y enfocar la historia cambió mis hábitos de lectura. No volví a leer ficción en años ("¿cómo puede ser interesante leer algo que no ocurrió?"). Para rematar, al poco tiempo Jon Lee Anderson publicó su libro sobre el Che Guevara.

¿Por qué no podemos escribir la historia así?, me pregunté. Substancial, minuciosa, sin desvíos políticos, con testimonios y réplicas, con cartas, de manera que te enganche y además-la definición pertenece al gran Fernando Calderón-con "claridad anglosajona". No sólo los qués, sino los por qués, con escritura transparente, sin inútiles florituras del lenguaje.

Al filo de las décadas de 1920 y 1930, Tamayo quiso ofender a Arguedas diciéndole que "tu Historia son historias". Despojada de la mala leche, la afirmación da en el clavo: la historia es saber contar historias. Y los periodistas estamos especialmente bien equipados para ello: separar el grano de la paja, conectar los puntos, buscar documentos, confrontar parte y contraparte, pero con décadas o siglos de des/ventaja.

¿Por qué escribir historia, entonces? Porque sería insoportable que nuestra actualidad quede sepultada bajo la cotidianidad acumulada, sin que supiéramos que alguien, en el futuro, desentrañará lo que yace bajo la superficie y que nuestro recuerdo y nuestra época perdurarán, rescatados por alguien.

¿Por qué escribo yo historia? Por lo dicho. Pero además, porque me gusta viajar en el tiempo.

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